Por Sonidos del Origen
A la vuelta de un viaje de negocios, un hombre compró en la ciudad un espejo, objeto que
hasta entonces nunca había visto, ni sabía lo que era. Pero precisamente esa ignorancia lo hizo sentir atracción hacia ese espejo, pues creyó reconocer en él la cara de su padre. Maravillado lo
compró y, sin decir nada a su mujer, lo guardó en un cofre que tenían en el desván de la casa. De tanto en tanto, cuando se sentía triste y solitario, iba a "ver a su padre".
Pero su esposa lo encontraba muy afectado cada vez que lo veía volver del desván, así que un
día se dedicó a espiarlo y comprobó que había algo en el cofre y que se quedaba mucho tiempo mirando dentro de él.
Cuando el marido se fue a trabajar, la mujer abrió el cofre y vio en él a una mujer cuyos
rasgos le resultaban familiares pero no lograba saber de quién se trataba. De ahí surgió una gran pelea matrimonial, pues la esposa decía que dentro del cofre había una mujer, y el marido
aseguraba que estaba su padre.
En ese momento pasó por allá un monje muy venerado por la comunidad, y al verlos discutir
quiso ayudarlos a poner paz en su hogar. Los esposos le explicaron el dilema y lo invitaron a subir al desván y mirar dentro del cofre.
Así lo hizo el monje y, ante la sorpresa del matrimonio, les aseguró que en el fondo del
cofre quien realmente reposaba era un monje zen.
FIN
Cuento. Texto completo
Anónimo chino
Publicado en: Cuento
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Tuesday 18 january 2011
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02:57
Por Sonidos del Origen
Hubo una vez un lobo muy rico pero muy avaro. Nunca
dio ni un poco de lo mucho que le sobraba. Sintiéndose viejo, empezo a pensar en su propia vida, sentado a la puerta de su casa.
-¿Podrias prestarme cuatro medidas de trigo,
vecino?- Le pregunto el burrito.
-Te dare; ocho, si prometes velar por mi sepulcro
en las tres noches siguientes a mi entierro.
Murio el lobo pocos dias despues y el burrito fue a
velar en su sepultura. Durante la tercera noche se le unio el pato que no tenia casa. Y juntos estaban cuando, en medio de una espantosa ráfaga de viento, llego el aguilucho que les
dijo:
-Si me dejáis apoderarme del lobo os daré una
bolsa de oro.
-Será suficiente si llenas una de mis botas.
Dijo el pato que era muy astuto.
El aguilucho se marcho para regresar en seguida con un
gran saco de oro, que empezó a volcar sobre la bota que el sagaz pato había colocado sobre una fosa. Como no tenia suela y la fosa estaba vacía no acababa de llenarse.
El aguilucho decidió ir entonces en busca de todo el
oro del mundo. Y cuando intentaba cruzar un precipicio con cien bolsas colgando de su pico, fue a estrellarse sin remedio.
-Amigo burrito, ya somos ricos.- Dijo el
pato. -La maldad del Aguilucho nos ha beneficiado.
-Y todos los pobres de la ciudad.- Dijo el
borrico -por que con ellos repartiremos el oro.
Fin.
Cuentos Infantiles Seleccionados.
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Tuesday 11 january 2011
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11
/01
/Ene
/2011
06:18
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